Refundición que no refundación. (Volvemos a las andadas)
Pues sí, vuelvo a escribir que anduve despistado……
He necesitado un año de aire fresco y una carga de ilusión y sangre nueva. Una buena transfusión de optimismo, cambios personales y laborales para que un servidor esté de nuevo en el ciberespacio, porque estar, estar, la verdad luego uno no está en ningún sitio. No soy el único no se crean…..
Éste servidor… ex socialdemocráta migajero… (así nos denominan los serviles revolucionarios que ocupan despachos con un buen asiento y con móviles de última generación )ha entendido lo que significa ser libre cuando has estado atado a unas siglas por un sueldo. Para los que me conozcan, saben de dónde vengo y donde he estado, para los que no, imagínenselo. Me apetece que sepan para donde voy.
Ay, qué poco echo de menos aquellos momentos de caos y de tantas zancandillas de ciertos “compañeros”. ¡Qué bien me siento cuando puedo expresar lo que siento! No hay nada mejor que hacerlo con toda la libertad del mundo y argumentar los que otros no se atreven a decir en su pequeña jaula de oro.
Qué orgulloso me siento de la buena defensa que hicimos y hacemos de los que pertenecen al proletariado, del que no tiene subsidio, del parado, del hipotecado. ¡Un servidor ¡ ¡Qué buenos ratos he pasado ayudando a una causa común!
Para los que estamos metidos en el mundillo de la política, bien desde la militancia que es mi caso, (aunque reconozco que con un kit kat de un año largo de inactividad) o bien que pertenezcan, desde el ámbito laboral, a ella, (era mi caso) con puesto político o sin él, sabemos, a estas alturas, que en los partidos existe eso que en matemáticas creo recordar, se llamaba, cálculo de probabilidades. Pues bien, la política, que de eso tiene mucho en lo interno, cuenta con una buena dosis de estrategia militar pero poca disciplina, y de lo que sí rebosa es, de buenos o malos directores de escenografía y puesta en escena; en definitiva: de mucho teatro.
Ya son muchos los años que, desde que empezamos a militar, nos rodeamos de “compañeros y camaradas” en batallitas internas para crear grupos de presión, subgrupos de corrientes críticas de pura raza y de sensibilidades sin sensibilidad para reforzar nuestros argumentos sobre las razones de esto y aquello.
No hay nada como ver las orejas al lobo, para darse cuenta de lo inútil de estas prácticas, cuando ven peligrar la confortable situación que se vive desde la tribuna o desde el despacho.
Hoy, tus “compañeros” pueden estar contigo. Ayer seguramente lo estuvieron, mañana, no lo sabré. A veces, porque no ven las cosas de la misma manera, otras porque se suman o se dividen y en muchas ocasiones se marchan de la casa, de nuestra casa. Los echan, se quedan pero no participan, participan pero destruyen, critican pero no ayudan. Esto que puede parecer casi una relación de pareja o la situación de una gran pequeña familia, es lo que sucede en casi todas las organizaciones políticas a las que les conmueve la desigualdad y la injusticia. Y mientras, nosotros que somos más papistas que el Papa, preferimos serlo entre nosotros; lo que es decir, en definitiva: malgastar nuestras fuerzas.
Puede parecer que todas estas reflexiones están hechas desde el rencor, pero no. No le voy a dar el placer a algunos, al contrario, lo hago desde la distancia, con libertad y desde el más escrupuloso de los respetos a mi organización, que no a ciertas personas. Una forma de pensar y de sentir con unos valores, que sigo teniendo… como la solidaridad, la defensa de los derechos humanos, la justicia, la igualdad, la fraternidad y la paz.
Al igual que seguirá existiendo buena gente, siempre habrá gente que sea mísera, desleal e infiel consigo misma y con los demás, que desgraciadamente existe desde un lado y otro de las dos orillas (esas que reivindicaba Julio) y que desgraciadamente a día de hoy poca diferencia he podido encontrar en el tiempo. Pero desgraciadamente, no es así para los de dentro. Dicen que en casa del herrero cuchillo de palo.
No se crean ustedes, la sensación de ser útil, es pasajero, pertenece al momento palmadita en la espalda, mientras sirvas y seas servil. En ese momento sólo cuentas como número, serás todopoderoso en las filas de tu grupo, de tu gente.
En el momento que te alejes, por salud, por necesidad, por crítica constructiva, estás herido de muerte, abandonado, ignorado y relevado. Siempre vendrá otro con ilusión y con más ganas, hasta que las pierda, se las hagan perder, mejor dicho.
¡ Qué más da que hayas sido una pieza más del engranaje! Te sustituiran por una pieza nueva o de segundamano, eso sí….hay que saber soportar la carga emocional que tu trabajo, tu experiencia, tu emoción, se la cargan de un plumazo. Para algunos es más importante salir del paso con “nueva gente” ya sean de los míos o de los tuyos. Eso que yo denomino, perfil “aguaplast”, rellenan huecos. Mientras, las clases dirigentes se olvidan de arreglar las grietas, ¡ya las pintaremos¡ dicen ellos…. Tiempo al tiempo…
Cuantos amigos, compañeros, en estos años he visto llegar e irse con la maleta casi ni abierta con las ganas de poder asentarse en un proyecto cómodo y acogedor. Pero vamos, no se preocupen, los mismos que crearon el problema, serán los que refundaran o refundiran el proyecto, con cuotas, con sus intereses y con sus despachos repartidos.
Los deseos del hombre por atender a ciertas cuestiones, no hacen más que traicionarnos cada vez que intentamos lidiar con la razón a la vez que con nuestra verdad.
Una, la razón: llena de sentimientos, porque si no, no lo sería. La otra, la verdad: llena de razones pero que, sin medida, se convierte en duda.
Esto, que puede parecer baladí, no lo es y menos en política. Un mundo lleno de razones pero de pocos sentimientos y de muchas verdades y mentiras. Para lo que para unos es su verdad, para los otros se consideran mentiras. Unos con sus dudas, entre verdades y mentiras, no aprecian la intensidad de sus razones.
En resumen, depende de quién, del cómo y del cuándo te cuenten sus razones para entender si son mentiras o verdades, dependerá de la intensidad en el sentimiento de sus deseos para intentar convencerte de lo uno o lo otro.
Nadie tiene la verdad absoluta ni la mentira verdadera. Eso dependerá del cómo y del quién pero no del cuándo. Éste último es irrelevante en la intensidad de las emociones.
Unos dirán que él tiempo les respaldará para apoyar sus verdades del presente; otros, con sus mentiras del presente, avalaran los hechos del futuro. Todo dependerá, al final, de la razón.
Ay, la razón….






















